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Gobolino, el gato embrujado

Cuando era chica, mi mamá compró una colección de cuentos que llegaron a ser mis libros favoritos (hasta que pasé a otros escritores) y entre tantos cuentos, hay uno que me ha acompañado durante este tiempo y suele retumbar en mi memoria... Es la historia de un gatito embrujado que luchó por no ser lo que "debía" ser, sino lo que "soñaba" ser.

Gobolino era un gato embrujado. Su destino entonces estaba dicho: sería el gato de alguna bruja malvada, haría hechizos y travesuras y nadie lo querría... Pero Gobolino se resistió a ese desenlace. Gobolino tenía una hermana, Salima. Ella a diferencia de su hermano, estaba muy contenta con el futuro que le esperaba y poseía los atributos físicos que se necesitaban: negra de la cabeza a los pies y de ojos verdes. Esto corresponde a la típica imagen que tengo de un gato de bruja. Gobolino, al contrario, tenia una pata blanca, los ojos azules y aunque no sabía hacer muchos trucos, de sus bigotes se desprendían destellos de colores.

Nada muy admirable para la calidad de familia gatuna-brujil de la que provenía. Así que desde pequeño experimentó la sensación de no estar donde pertenecía y de aspirar otra cosa, aunque lo que quería tendría que buscarlo mucho y para conseguirlo, debería sufrir. Después de algunas aventuras, Gobolino logra enfrentar su pasado... decide admitir que era un gato embrujado y desafiar a su madre (la bruja) y a su hermana, que amenazaban con hundir una embarcación que lo había adoptado. Cuando admitió lo que era, no recibió aplausos, sino que al contrario, nuevamente se encontró vagando en soledad, rechazado, herido, pero con el deseo inmenso de encontrar su lugar, su sueño, su meta. Claro, al final, lo encuentra y todos viven felices para siempre.

Y es esta historia la que de alguna forma se ha colado en mis recuerdos y me alborota de vez en cuando el hipocampo... Aunque pareciera que la enseñanza del cuento está a la orden del día, debo admitir que solo hasta ahora, de adulta, he logrado entender porqué Gobolino terminaba sus aventuras dejando atrás el lugar que al principio le parecía haber prometido paz, amor y felicidad. Era porque en realidad nada de eso era real. En todos los lugares a los que llegó debió descubrir que no había sido amado realmente. Leyendo nuevamente el cuento hoy me doy cuenta que su sueño se cumplió, no en la medida en que consiguió un hogar que lo quería, sino porque dejó de estar embrujado y se convirtió en un gato común y corriente. Ya no sufriría el rechazo de la gente, ya no le dirían que debía marcharse... ahora podría solicitar ser recogido por un hogar, cualquiera, y ser querido como un gato faldero.

No quiero dañar el recuerdo de lo que este cuento es para mi... ni quiero jorobar la existencia de quien vea en esto una enseñanza muy preciada... pero hay algo que no entiendo: ¿por qué Gobolino deseaba tanto ser quien no era? ¿Es posible cambiar nuestra naturaleza al punto de dejar de ser lo que fuimos? Y si nos acepta el resto de mortales ¿nos aceptan realmente?

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1 mentarios:

pipe giraldo dijo...

sí, a mí también me gusta mucho este cuento, yo tengo muchos recuerdos porque yo, pues tengo 18 años, y ese cuento lo escuché por allá en 1998 más o menos. Muy bonito el cuento, y de una u otra manera algo se nos queda para aplicar en nuestro crecimiento. Déjame decirte aveces me dan las locuras y lo vuelvo a escuchar, pues yo lo tenía en audio.

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